Desde nuestra infancia hemos crecido escuchando frases con mensajes que pueden tener más impacto del que pensamos sobre nosotros como adultos. En esta entrada del blog vamos a ver algunos de los mitos que es posible que hayas escuchado sobre el trauma y que han podido afectar en la manera en la que afrontas las dificultades ahora en el presente.
Mito 1: “El trauma es lo que te pasó”
Lo que hace que un hecho, que es potencialmente traumático, se convierta en traumático, es el silencio. Autores como Aznárez Urbieta definen el trauma psíquico como “la herida resultante de verse obligado a silenciar, negar e incluso disociar las experiencias vividas con alto impacto emocional que debieran haber sido compartidas con las figuras de apego para adquirir significado, así como para generar las adecuadas creencias sobre uno mismo y el mundo y, consiguientemente, posibilitar la adaptación y el aprendizaje”.
Es por ello por lo que una experiencia de alto impacto emocional que puede ser potencialmente traumática no tiene por qué llegar a ser traumática si hay un espacio donde poder hablar de ello, pensar en ello e integrarlo con un otro significativo que permita transitar por los estados emocionales que la persona esté experimentando.
Mito 2: “Solo es trauma si fue algo muy grave o extremo”
Para desmitificar y explicar este mito es importante comprender la diferencia entre el concepto de trauma simple y trauma complejo.
Por un lado, el trauma simple puede ser causado por un único evento repentino de alto impacto emocional, como puede ser un accidente, una catástrofe natural o una agresión, que han sido vividos de manera puntual. Por otro lado, el trauma complejo es causado por experiencias que se viven generalmente en etapas tempranas que, en sí mismas, vividas una sola vez, no tienen por qué generar un impacto traumático.
Sin embargo, vividas todos los días, durante un tiempo prolongado, en una etapa donde nuestro cerebro está en desarrollo, sí acaban produciendo una ruptura de nuestra propia integridad y dejando una huella traumática que necesita ser atendida. Ejemplo de ello es el maltrato o la negligencia parental, pero también son ejemplo de ello la no disponibilidad emocional de las figuras de apego, el no sentirnos vistos por nuestros padres, vivir con una falta de seguridad emocional, no poder compartir con adultos protectores nuestro mundo afectivo…
Como podemos observar, el trauma simple se relaciona con un único suceso de alto impacto emocional que no se repite en el tiempo. Mientras que el trauma complejo tiene que ver con una exposición prolongada en el tiempo de múltiples eventos potencialmente traumáticos, especialmente relacionados con los vínculos interpersonales, cuya experiencia es silenciada.
Mito 3: “El trauma está en el pasado”; y Mito 4: “Si no lo recuerdo bien, no me afectó”
Estos dos mitos vamos a explicarlos en conjunto ya que están estrechamente relacionados.
Una parte nuclear de la experiencia de trauma es que la memoria traumática no se recuerda, sino que es una memoria que se re-experimenta como si estuviera sucediendo en el presente. Es decir, podemos tener la sensación de volver a ser ese niño o niña pequeño que fuimos, aunque tengamos 40 años.
Hay tres tareas fundamentales e imprescindibles que se han de producir para que las experiencias de alto impacto emocional que vivimos no se conviertan en traumáticas, y son: hablar de ello, pensar en ello y soñar con ello. Sin embargo, mayoritariamente nuestro contexto y cultura no favorecen que llevemos a cabo estas tres tareas fundamentales. Por el contrario, nos suele pedir silencio ante muchas cosas que vivimos.
Cuántas veces hemos escuchado frases como “pasa de página”, “no lo pienses más”, “¿quién no ha vivido esto?” o “hay personas que están peor”. Cuando nuestro contexto nos pide silencio, lo único que el cerebro puede hacer es soñar con ello, apareciendo así pesadillas. Suelen ser recurrentes, generalmente siempre la misma y se pueden mantener durante muchos años.
Cuando nuestro propio cerebro no puede procesar lo vivido porque no hay espacio para hablar de ello y pensar en ello, nuestro organismo utiliza un mecanismo al que conocemos como disociación para poder seguir adelante a pesar de haber vivido experiencias difíciles que debieron de poder ser expresadas y compartidas en una relación vincular segura y significativa.
De este modo, para poder sobrevivir en ese entorno emocional, tenemos este mecanismo automático a través del cual se queda fuera de la consciencia lo vivido, garantizándonos así la supervivencia dentro de ese micro contexto familiar y de este macro contexto cultural que nos está pidiendo que callemos.
Sin embargo, esta parte inconsciente se manifiesta en el presente a través de síntomas, los cuales son reflejo de un daño que no ha podido ser atendido ni expresado a través del lenguaje hablado. De este modo, es el lenguaje de los síntomas el que habla en el presente de lo vivido en un pasado que no pudo expresarse en el lenguaje de las palabras.
Mito 5: “El trauma es para siempre”
El cerebro es plástico. Gracias a su plasticidad tiene la capacidad de adaptarse, reorganizar y crear nuevas conexiones y redes neuronales a lo largo de nuestra vida. Esto se produce como respuesta a nuevos contextos y nuevas experiencias que permiten el aprendizaje.
Al igual que “enfermamos” en relación, “sanamos” en relación, y un proceso psicoterapéutico es un nuevo contexto relacional que nos ofrece la posibilidad de reparar los daños del pasado que nos hacen sufrir en el presente, a través de la construcción de un espacio de confianza y de seguridad donde compartir aquello que tuvo que ser silenciado.



