Blog de Mery: La magia de la terapia de grupo

Hace un par de meses me terminé el libro Círculo y centro, de Francisco Peñarrubia, un libro sobre teoría de terapia de grupo. Me lo han mandado leer en la formación que estoy haciendo de Arteterapia Gestalt, donde estoy en mi segundo año de formación. Antes de hacer la formación hice el curso introductorio, un año de terapia de grupo desde esta perspectiva.

La formación es experiencial, lo que implica juntarnos el grupo que nos estamos formando una vez al mes, el fin de semana completo, a hacer terapia de grupo. Llevo, por lo tanto, casi tres años de terapia de grupo. Es aquí donde yo he descubierto su magia.

Ya antes había hecho terapia individual, y a raíz de la formación volví a ella, con una terapeuta Gestalt, para acompañar mi proceso grupal y mi momento vital. La combinación de ambas me está haciendo llegar a lugares muy profundos de mí y me está permitiendo verme como no lo había podido hacer hasta ahora.

El trabajo individual me parece importante. Se crea un lugar de mucha intimidad, de ser mirado con compasión, de poder explorar a tu propio ritmo y de empezar a expresar cosas que quizás en otros lugares había sido más difícil. Pero es que la terapia grupal tiene una parte de cercanía con la vida que le falta a la individual.

El beneficio del grupo

Para mí ha sido y está siendo un regalo poder explorarme en relación con otras. En la terapia de grupo soy yo, es la otra, son las demás y es el grupo. También soy yo conmigo, soy yo contigo, yo con vosotras, nosotras contigo, nosotras. Y también yo contra mí, yo contra ti, yo contra vosotras, nosotras contra ti y cada una de nosotras. La terapia de grupo es la recreación de la vida en un espacio de exploración y cuidado.

Una de las cosas que nombra Paco Peñarrubia en el libro es cómo en el grupo se recrea la familia nuclear. Cada personita venimos al mundo en un núcleo concreto, con unas dinámicas concretas, con una manera de funcionar. Así es como crecemos, como construimos nuestro mundo y como aprendemos a relacionarnos incluso una vez salimos de ahí.

A veces es difícil de ver, pero lo que yo traigo de casa (ya sea por haber tratado de adaptarme o por haber necesitado diferenciarme todo lo posible) lo llevo conmigo. Esto me lo llevo a mi vida y me relaciono con estos patrones. Y en el grupo pasa lo mismo. La ventaja del grupo es que vamos a mirar esto y vamos a tener la oportunidad de hacerlo diferente.

En el grupo nos encontramos entonces varias personas (entre 8 y 20 suelen ser, en mi grupo somos 10) cada una tratando de replicar su núcleo familiar. Esto puede sonar un poco raro, al final es más sencillo de lo que parece. Yo llego a un sitio y me asocio con quien me genera familiaridad y me chirría lo que es diferente.

Expreso con mayor o menor dificultad, dependiendo de lo que traiga de casa, las cosas que me gustan o me disgustan. Conecto con mayor o menor facilidad con mi cuerpo, con mi parte racional o espiritual, con mis emociones. Yo soy yo con el carácter que tengo y el que he necesitado fomentar en mi casa. Solo que esta ya no es mi casa, como ocurre en la vida. Y las personas que me acompañan no las he elegido yo, así que me encontraré en un espacio ideal para explorarme con las diferencias.

Hay varios tipos de terapia de grupo.

El grupo en el que estoy yo tiene unas bases teóricas humanistas, en concreto Gestalt. Esto, en lo práctico, quiere decir que hacemos diferentes dinámicas y seguimos propuestas donde nos ocurren cosas y nos podemos observar en el presente. Es diferente a otro tipo de terapias de grupo en las que las personas se juntan a hablar sobre lo que les ocurre, o tienen una problemática común, o explorar lo que sucede al juntarse y que no haya ninguna guía de un terapeuta.

En mi grupo, por lo tanto, ocurren cosas todo el rato. Las propuestas me pueden generar cosas por la propuesta en sí (porque me cuesta lo que se oferta, porque me asusta hacerlo mal, porque no quiero que me vean…) o me puede generar cosas lo que ocurra con los demás, o a alguien en concreto. Todos estos movimientos son oportunidades para explorarme.

Uno de los principios de la Gestalt tiene que ver con la rigidez del carácter. Esto quiere decir que, como decía antes, cada persona venimos de una familia donde hemos aprendido a comportarnos de una manera para estar lo mejor posible dadas las circunstancias concretas. Lo que ocurre con esto es que hay ciertas maneras de procesar, de relacionarnos con nosotras mismas y con el mundo que se quedan rígidas, porque fue lo que nos sirvió, así que inconscientemente lo evalúo como lo mejor.

Reflejo en los demás

Una de las cosas que más de gusta de la terapia de grupo es que esta rigidez de cada una puede ser un reflejo para la de enfrente. Me explico: Yo llego al grupo con mi manera de ser y busco ir aprendiendo a verla y a flexibilizarla, a darme la oportunidad de hacer cosas diferentes, para así poder tomar decisiones más conscientes en mi vida y no ser esclava de una sola opción. Y a la vez, esto que para mí puede ser un lastre en algunas ocasiones, puede ser lo nuevo para la persona que tengo enfrente.

Así me puedo encontrar a mí misma deseando que alguna de mis compañeras no esté en el grupo, porque me molesta demasiado. Es ahí donde voy a encontrar la mayor riqueza, el mayor reflejo. Lo que tú te estás permitiendo es lo que yo posiblemente esté reprimiendo de mí. Y ahí es donde puedo empezar a mirar.

Quizás en un ejemplo se entienda mejor: Yo puedo ser una persona que ha crecido muy conectada con la alegría y el agradecimiento, porque es algo que se ha celebrado mucho en mi familia, mientras que conectar con el dolor o las dificultades se ha evitado, y por lo tanto no me han sostenido mucho cuando yo he estado más triste. Para mí será importante que aprenda a darme ese espacio interno, ese sostén del dolor, porque la vida también tiene momentos dolorosos, y obviar mi propia tristeza me puede acabar dañando más que favoreciendo, por ejemplo cayendo finalmente en una depresión por haber dejado de lado siempre la tristeza.

A la vez puedo tener enfrente a una persona a la que le cuesta salir del dolor, que en su familia ha sido una dinámica que ha funcionado, que ha movilizado, que a través del dolor era como se conseguían los cuidados y el cariño. A esta persona le vendrá bien conectar con el agradecimiento y la alegría, con dejarse disfrutar y conectar con el placer. Yo, como la persona alegre, puede que vea a esta persona triste y me genere rechazo, porque igual que a mí no me han cuidado ahí yo no quiero cuidar ese dolor.

Y a la vez esa persona probablemente sienta rechazo hacia mí, porque si ella no ha podido disfrutar de la vida le pesa que lo hagan las demás. Ahí está el reflejo, y ahí está el trabajo. En su rigidez yo encuentro descanso cuando me permito conectar con mi propio dolor y me dejo cuidar. En mi rigidez ella encuentra descanso cuando se permite conectar con el disfrute y la alegría de compartirlo.

Terapia de grupo vs Terapia individual

En la terapia de grupo veo cosas que no se me ocurriría llevar a terapia individual. En la terapia de grupo me encuentro con gente que me trae temas que me movilizan y me abren puertas. En la terapia de grupo encuentro una intimidad que va más allá de la que se genera en mi terapia individual.

Encuentro pertenencia, encuentro amor, encuentro confrontación sin ruptura, encuentro afinidades y diferencias, conflictos que me hacen crecer, encuentro un laboratorio de hacer lo que no me atrevo a hacer en la vida. Encuentro respuestas a través de los procesos de las demás. Encuentro contacto y cariño. Encuentro respiro y sostén. Encuentro aprender a responsabilizarme de lo mío con el otro. He aprendido muchísimo de la terapia de grupo.